En el comportamiento agresivo infantil intervienen diferentes factores personales, familiares y socioculturales. A nivel individual repercuten los aspectos neurobiológicos, cognitivos, y los antecedentes psicopatológicos de los progenitores. A nivel socio - ambiental se pueden mencionar los siguientes factores: la estructura del núcleo familiar, los vínculos y conflictos parentales, los ambientes escolares, los intercambios culturales, la exposición a los medios de comunicación, entre otros.
Factores Personales
Aspectos neurobiológicos: Diferentes estudios han revelado que las alteraciones o daños neurológicos inciden en la aparición de comportamientos agresivos durante la infancia. Hasta el momento se ha comprobado que la agresividad infantil está vinculada a importantes estructuras cerebrales tales como: el complejo amigdalino, la corteza pre-frontal, el hipocampo, y, el sistema límbico (cerebro emocional), que están encargados de controlar las emociones y regular los comportamientos humanos (la capacidad de permitir o inhibir impulsos).
El complejo amigdalino (núcleo neuronal que procesa, somatiza y almacena emociones) funciona como un mecanismo biológico de autoconservación, por ejemplo, cuando el niño percibe un peligro o una amenaza del ambiente, su amígdala cerebral iniciará un proceso emocional que incidirá en la activación de los mecanismos de defensa y de adaptación. Según numerosos estudios el funcionamiento anormal de esta región cerebral tiene una clara relación con la agresividad. Existe evidencia científica de que los niños con tendencias violentas presentan una actividad más intensa en la amígdala.
Asimismo la agresividad infantil se ha asociado con una actividad deficitaria en el lóbulo frontal cerebral el cual se encuentra vinculado a: la regulación de impulsos, la memoria funcional (corto plazo), la toma de decisiones, el autocontrol, la socialización, e incluso la espontaneidad.
Antecedentes psicopatológicos de los progenitores: Se ha observado que algunos padres de infantes agresivos suelen presentar conductas disfuncionales, tales como: comportamientos hostiles, abuso de sustancias, depresiones mayores (especialmente las madres), trastornos paranoicos, personalidad antisocial, disfunción adaptativa. Dichos antecedentes familiares evidentemente inciden en la falta de implicación y compromiso de los progenitores en el proceso de crianza, además, multiplican el riesgo de desarrollar agresividad en los más pequeños.
Aspectos Socio-Ambientales
La Familia: El núcleo familiar resulta fundamental para la adecuada formación del niño, ya que en el seno del hogar los pequeños aprenden a adaptarse, comunicarse, y comportarse. De este modo, una apropiada relación entre padres e hijos favorecerá que los menores desarrollen sanas relaciones intrapersonales (consigo mismos), y equilibradas relaciones interpersonales (con otros). Contrariamente, si el niño se ve afectado por una relación familiar conflictiva o negligente es bastante factible que se muestre agresivo o irascible.
Se ha descubierto que la agresividad manifestada en los más pequeños está estrechamente relacionada al modelado que reciben de sus familiares y allegados. Se debe explicar que el niño generará su “concepción del mundo” a partir de la educación que acoge de sus progenitores. Y es que a través de la observación y la imitación los niños aprenderán de sus padres: valores morales, actitudes, manejo de emociones, empatía, habilidades de socialización, etc. De tal manera que, si un infante crece en un entorno hostil, siendo víctima de abusos, burlas, insultos, humillaciones, amenazas, carencias afectivas, es muy probable que el menor reproduzca estos dañinos comportamientos. La mayoría de niños agresivos que no reciben atención psicológica especializada pueden desarrollar tendencias a conductas delictivas.
En muchas ocasiones, los padres y familiares contribuyen no sólo a la instauración, sino al “mantenimiento” de la agresividad infantil. Por un lado, cuando un padre desaprueba la agresividad de su hijo, pero, lo castiga de forma violenta (castigos físicos excesivos, reprimendas brutales, o intimidaciones verbales) sólo contribuye a reforzar el modelamiento agresivo en el menor. Por otro lado, si el progenitor es poco exigente y tolera todos los impulsos ofensivos, las rabietas y berrinches del niño, también contribuye a la conservación de la conducta pendenciera. Debido a que estos representantes no hacen uso del control parental, no establecen reglas de comportamiento, y consienten lo inaceptable, los niños asumirán que la agresividad es algo admisible.
Escolaridad: Algunos investigadores han afirmado que “los entornos violentos, crean personas violentas”. De allí que el núcleo escolar también juegue un papel fundamental en la instauración y el mantenimiento de la agresividad infantil. Aunque las instituciones educativas deben ser el escenario para el desarrollo, la formación, el crecimiento, la interacción, y la confianza, lamentablemente se han convertido en uno de los contextos sociales en donde se genera y persiste fehacientemente la violencia y el acoso entre menores.
Los medios de comunicación social: Durante las últimas décadas los infantes se han ido formando cada vez más bajo la poderosa influencia de los medios de comunicación social, especialmente de los espacios televisivos. La televisión se ha convertido en una especie de “niñera” o de compañía para los más pequeños, mientras los padres o representantes atienden diferentes quehaceres. Al respecto, los estudios han demostrado que los menores experimentan reacciones emocionales y conductuales al ser expuestos a contenidos audiovisuales. La problemática se presenta cuando la programación televisiva promueve antivalores, conductas agresivas, elementos de salud, sexo y violencia inadecuados para la audiencia infantil.
Según la evidencia científica la transmisión de sucesos agresivos en la televisión puede generar las siguientes consecuencias: a) Los niños frecuentemente expuestos a programas violentos pueden imitar conductas hostiles e irritables, b) Posiblemente experimenten pérdida de sensibilidad ante el dolor, la crueldad, o el abuso, c) Partiendo de lo observado, es probable que el niño haga uso de la violencia para satisfacer sus deseos, d) El niño acepta la agresividad como comportamiento socialmente adecuado.
Para finalizar, también se ha observado, que los juguetes de acción o de guerra, y que los videojuegos violentos pueden incidir negativamente en el comportamiento del infante, ya que este tipo de entretenimiento tiende a incitar a la lucha, al combate, a la mutilación y a la rivalidad.
PSIGUIDE.(s.f.). Agresividad infantil. Recuperado de: https://psicologosbogota.com/psicologia/agresividad-infantil/#:~:text=La%20agresividad%20infantil%20se%20trata,que%20quiere%20evitar%20dicho%20maltrato.


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